Paso en falso

Recuento de lo inevitable

25 de julio de 2006

EMOCIÓN DEL VACACIONISTA-OFICINISTA

Estuve paseando por los alrededores. Buena vista, buena caminata. Me preparo física y mentalmente para las vacaciones. La emoción que siento sólo se compara con momentos de mi pasado telenovelesco-amoroso; como cuando José, mi primer novio, deletreó mi nombre en el momento en que le pedí que me revelara el nombre de la chica que le gustaba. Así me siento, como si un José entrara a mi vida el próximo lunes por la mañana y con su voz clara y tibia como las colchas recién amaneciditas, me asegurara que por un mes no tengo que ir a la oficina desprestigiada-por-las-circunstancias-políticas-que-todos-sabemos. Pero sólo son dos semanas.

Acabo de terminar una novela de Murakami, y, haciendo un resumen grosero y rápido, diría que, como muchos libros, éste culmina cuando la vida pasada del personaje deja de atormentarlo y se da cuenta de que está preparado para vivir con intensidad el futuro. Trescientas páginas para contarnos cómo, un buen día, el protagonista descubre que está enamorado y listo para estar con una chica de a de veras, no con una loca fantasmagórica. Y ahí termina el libro. Esto que me está pasando es –guardadas las distancias de la ficción, permitidas las licencias de las comparaciones forzadas– un poco lo mismo.

Un año entero en un cuarto sin ventana, comiendo medio mal, viviendo una doble vida durante la noche, todo, para que pueda vivir este momento como la culminación alegre; el cese de los espectrosos oficios y atentas notas, todo eso termina con la gozosa realidad estrellándoseme en la cara y en los oídos: ¡¡diez días libres!!

Sí, quizá estoy sobreactuando, exagerando las cosas (porque no ha estado tan mal, la verdad), forzando comparaciones, siendo ambigua, etcétera, pero diez días son el paraíso. Y ya los saboreo. Me imagino la cantidad de luz de mañana que voy a poder medir en las paredes del departamento (los fines de semana me levanto a una hora inconfesable), en las fotos exteriores que voy a poder tomar, en las tardes para leer, para ir al cine a ver la película de las seis y cachito o la de las cinco. Me voy a exiliar, por unos días, de corbatilandia y cada movimiento tendrá que estar planeado para que las horas duren lo suficiente y no me agarre a mitad de semana esta intranquilidad cuando pienso que tengo que regresar (y todavía ni me he ido).

Y además le traigo unas gana locas a la relectura de los diarios de Kafka (era inevitable) y al excelente libro de Gustav Janouch, Conversaciones con Kafka. Tengo también, al menos por esta noche, la idea de hacer un libro de fotospolaroid que se llame como una línea de una canción de Wolf Parade, pero es demasiada idea y pocas nueces, así que por lo pronto no revelaré nada más.

Lo bueno es que ya se me quitó lo de la rejeguez al sueño. Ya me estoy cayendo.

Buena noche, chau.

2 comments:

Ingrid Solana dijo...

Esa, mi reinita, aquí no más saludando. Lindo Bló, jajajajjajajaj, no sé si me encanta el azul tan lindo que tienes, tía, pero muy bien, te leo con calma y por aquí ando. Te mando besos y, contrariamente a lo que pueda pensarse, te quiero un montonal.

franco dijo...

Hola Lorena....gracias por la visita y la preocupación....tengo a cambio para ti un buen regalo...si...la mejor banda de mi país LOS TRES.... el disco se llama hágalo Ud mismo y está de pelos...
Chékalo...
Saludos

Yo leí la carta al padre de kafka....durísimo relato...el proceso..cuando estaba estudiando aún derecho y por cierto la metamorfosis...interesante Kafka...muy Kafkiano él...

lo que el tiempo se llevó del planeta piedra