Me enamoré de un futbolista
¿Es una comezón de verano? No. Tampoco las dificultades sentimentales, ni tampoco un desequilibrio hormonal. Es pura y sencillamente un amor de esos de pisa y corre (¿¡un amor adolescente?!); son sus pasos armónicos, su mirada encendida y misteriosa; la línea que va de la canilla al muslo; su cuello asoleado; su potente personalidad marsellesa. ¿O no? O más bien son todas las horas acumuladas en la oficina, el cuerpo abotagado, la falta de proteínas, de espacio, la cercanía de mi cumpleaños, la falta de sillón, la situación política...

1 comments:
sólo recuerda al hermano de este muchacho.
Publicar un comentario