Paso en falso

Recuento de lo inevitable

29 de agosto de 2006

DE NUEVO CON MALOS OJOS

Pensé que los lectores de este blog (muchas veces irregular y abandonado) eran solamente amigos y conocidos. Ahora veo que no. Creo que es mi primera vez con "un usuario anónimo" -anónimo (espero que sea alguien que no conozca sino qué chafa o qué confusión). En fin, creo que este comentador sin nombre merece una respuesta porque su apreciación tiene toda la pertinencia.

El domingo subí un post sobre mi desencanto con cierto tipo de imágenes. Quien lo haya leído se habrá dado cuenta de que termino abruptamente con una confesión de tipo nutricional. Y no seguí más con el tema. Pensé que si me ponía a escribir sobre mi producción de imágenes iba a alargar más allá de lo aceptable mi ya prolongada tosudez frente a la pantalla. Así que lo dejé para más tarde o para otro día. Ahora que me doy cuenta de que establecí un diálogo con alguien, sea quien sea, me parece importante continuar lo que estaba diciendo sobre las imágenes, desbaratar el sutil tono acusador de quien contestó y aclararme también, esta inconformidad y mi actitud frente a lo que yo hago. En ningún momento quiero que esto se tome como una repentina defensa de la fotografía ni como un alegato a mi favor, tampoco es una respuesta que quisiera librarse de responsabilidades sólo por el hecho de aceptar que esta opinión es parte de las contradicciones de las prácticas artísticas y del mundo moderno.

No, escribo esto desde la reflexión antes de la conclusión tajante y desde un momento particular en mi relación con las imágenes: el juicio crítico sobre lo que hago por placer, que es tomar fotos. Quizá es la primera vez que hablo como creadora de algo. Me cuesta trabajo asumirme como fotógrafa porque bien a bien no tengo muy claro, en estos momentos, en qué consiste exactamente. Mucho menos tengo claro qué es ser un artista. Pero supongo que esa es una discusión que cada vez me atrae menos, ya que considero el ejercicio creativo como un trabajo y no como un estado de gracia. Lo relaciono más con una capacidad crítica, creativa e incluso combativa, una especie de protesta frente a tanta superchería y superficialidad.

Antes de hablar sobre mi relación con la fotografía (y seguir un camino probablemente más fructífero), responderé pronto al anónimo. Quizá fue un error de lectura o un discurso ambigüo, pero lo que quise decir (dándole el beneficio de la duda a mi lector inquisidor) es que la manera en cómo se producen y consumen cierto tipo de imágenes me parece alarmante.

Ahora bien, dejando a un lado las imágenes de consumo masivo (creí que iba a ser claro al hablar de períodicos y revistas, pero al parecer no), aparecen las imágenes con fines artísticos. ¿Qué es lo que separa a unas de otras? ¿El contenido? No. ¿La mirada? Sí, pero es un poco obvio. El tipo de imágenes e incluso el lugar donde son expuestas determinan la mirada, la forma de aproximación; eso ya lo sabemos. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre unas y otras? Yo creo que ninguna. Pues si bien la mirada, digamos la interpretación, cambia de acuerdo a la validación que se les dé, los dos tipos de imágenes pueden estar de un lado como del otro. Son parte de un circuito de ojos que conciente o inconcientemente suelen consumirlas de la misma manera. Y aquí llego a una precisión importante, no son las imágenes en sí lo que me incomoda sino la forma en que son aprehendidas.

Ahora bien, qué hace una persona como yo que tiene un deseo de producir imágenes. ¿Vale la pena crear cientos y miles de imágenes más que serán tragadas por este maremágnum de miradas que hacen tabla rasa de todo lo que ven? ¿Quiero ser la Emin mexicana o la Hirst del DF? Claro, vale la pena producirlas en el sentido de que si se trata de un trabajo serio, se vuelven una vuelta de tuerca, la revelación de algo que puede verse y entenderse de otra manera. Pero, ¿cómo evitar esta aproximación del público, cómo mostrar con recursos tan repetidos que las imágenes pueden representar otros discursos, otras maneras de interpretar? ¿cómo anclar una idea en las imágenes que resultan tan claras pero también crípticas? Dejo a un lado estas preguntas desordenadas y pongo un ejemplo. ¿Qué vemos cuando vemos un libro de foto de autor? ¿Qué relación establecemos con lo que vemos? ¿Creemos que lo que vemos es real? ¿Algo nos parece hermoso porque responde a los patrones masticados y arrojados una y otra vez en todos los medios? ¿Las imágenes son tan fáciles de ver o necesitan de un espectador educado visualmente?

Son estas preguntas las que rondan cada vez que trabajo en uno de los proyectos, pero creo que son estas mismas preguntas las que harán de mi trabajo si no un intento por contestarlas o reformularlas de manera contundente sí un buen principio crítico para no aceptar de manera ramplona que se hace "arte" de manera tan fácil e irreflexivamente. Creo que si algo ocurrirá con este último proyecto es su puesta en escena hasta las últimas consecuencias, en el sentido de poder lograr algo con unidad y que me libre por un momento de mirar como las modas, galerías y museos dicen que debo hacerlo. Claro, puedo fracasar y darme cuenta de que mis resquemores estaban mal argumentados, pero creo que de eso se trata, de acercarse de una manera menos ingenua, menos encerrada en los devaneos de lo común.

(Si hay fotógrafos ciegos, entonces de qué se trata todo esto. Eso tiene que afectar nuestra idea de un fotógrafo, de la imagen fotográfica.)

Espero que el lector anónimo no crea en las cursilerías deformadoras del estilo "un fotógrafo tiene que amar las imágenes, no puede cuestionar su origen y fin, y mucho menos dudar de su producción artística; un escritor ama la palabra, está enamorado de ella, dignifica el lenguaje, no lo cuestiona ni lo transgrede, un escritor, por serlo, debe sentir un especial amor por todas todas las palabras, ama los oficios burocráticos y los libros de autoayuda y si desprecia ciertos usos de la palabra, entonces ¿para qué escribe? ".




lo que el tiempo se llevó del planeta piedra