Noche clara
En estos últimos años hay una presencia que no puedo olvidar y que jamás dejará de ser constante aunque esté físicamente ausente. Esa presencia, esa persona en mi vida, significó el descubrimiento e inicio de un afortunado camino. Es y será una presencia generosa, benéfica. Y le estoy tan agradecida... en estos momentos no encuentro manera de expresarlo, sólo tengo estos balbuceos a estas horas de la noche. Y la emoción y tranquilidad que siento por haber estado de nuevo en su cercanía, no me dejan ir a la cama en paz. Quiero escribir sobre esto aunque sea con un tono confesional de medio pelo (!). Estoy además conmovida, estoy lejos de mi ahora habitual tristeza; por unas horas regresé a ese lugar que tanto bien me ha hecho y del que tuve que salir por no sé qué razones; ya no es tan claro como antes. De nuevo sentí la ligereza de las afinidades electivas, la risa de los códigos compartidos y el extraño cariño que la gran admiración por alguien produce. Hubo esta noche una suerte de promesa implícita, un anhelo, el recordatorio de un compromiso, una vista de la tierra pródiga. En esta noche, su aparición hizo visible una parte de mí que, afortunadamente (y yo sin saberlo), está casi intacta, se ha mantenido a pesar del naufragio de estos últimos meses. Ojalá algún día pueda decírselo, no desde la barca, sino en tierra firme y de una mejor manera.
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