Paso en falso

Recuento de lo inevitable

8 de octubre de 2006

Juegos florales tesísticos o nervios en el umbral

Además de los litros de té que consumo con una sed casi desértica, me la he pasado de libro en libro, de ficha en ficha. Y es que hace un mes aproximadamente hubo una discreta inauguración de los juegos florales tesísticos. Mi arco triunfal será por supuesto, la tesi, si no dedicada a la llegada del nuevo virrey, sí a la llegada de un nuevo reino en la tierra del malviaje.

En estos momentos debería estar trabajando; debería estar leyendo el librito de Trabulse sobre los orígenes de la ciencia moderna en la Nueva España. Pero llegué a una encrucijada. Hay en las cinco primeras páginas una serie de alusiones a temas que debería (¿o no? he ahí la cuestión) tratar en mi ensayo tesístico. Uno de ellos es la imprenta en el Nuevo Mundo y su repercusión en la transmisión del conocimiento en la Colonia. Pues bien, sólo para este tema tengo que consultar una cantidad de libros que se antojan para la cabaña de mi vejez junto a la playa (Fellini, que siempre negó ser un buen lector, decía que para disfrutar de los libros que había juntado para ese estado de la vida, serían necesarios 500 años más) (yo necesito más de diez siglos) (y unos 50 años ininterrumpidos para las películas que quiero ver).

Necesito un freno sino mis juegos florales se pueden convertir en los sangrientos juegos de la gastriti y la coliti. Tengo que detener mis impulsos abarcatorios y dedicarme, de una manera menos neurótica, sólo a los libros de ciencia que llegaron a la NE y a las bibliotecas de la época. Si lo pienso bien, cuando estoy frente a una de las tantas puertas que tengo que abrir para llegar al centro de mi tema, me altero bastante. Me da hambre, me da sed, me dan ganas de bailar y a veces de cachetear al más cercano (afortundadamente mi vida nonacal me ayuda a evitar peleas proto maritales). Aunque parezca que me posee la tarantella ( y que necesito un alca-seltzer), también me da un poco de gusto, o más bien bastante; poco a poco, me he dado cuenta de cómo se enlazan las redes de conocimiento, de cómo alguien puede escribir un libro de 400 páginas sobre la crisis de la conciencia europea y además de hacerlo lúcidamente, también de manera poética. Digamos que me da un sentimiento antesala del helluo librorum, del devorador de libros o gusano de los libros. Claro que la realidad es otra, aparece el gusanito pero no el tiempo. Entonces me debato entre cumplimiento del trámite, gozo, nervios, ganas de acabar, ganas de leer más y más pero ya no se puede por cuestiones de practicidad.

Y otra vez traigo a Fellini; cuando le preguntaron que cuál era su opinión de las drogas en el "quehacer" artístico, dijo que no servían más que para entorpecer los sentidos, en todo caso había que tomar calmantes. Y hace unos años oí decir algo parecido a Vila-Matas, que me cae mejor cuando habla que cuando escribe. Dijo el español que sus compañeros escritores, noches antes de presentar un libro, ir a congresos, dar entrevistas, llevar manuscritos al editor y a la imprenta, tomaban rivotril. Mafalda lo dijo mejor "Nervo-calm", es eso lo que necesito.

Me voy a trabajar.

lo que el tiempo se llevó del planeta piedra