Paso en falso

Recuento de lo inevitable

1 de noviembre de 2006

Árbol domesticado


Ahora el árbol de enfrente de mi casa está apocado, le interrumpieron la personalidad. Sus ramas no se estiran hasta el balcón, ya no son cortina ni imagen matutina a lo san francisco de asis. Se les fue el carácter arrebatado, violento. Todo por no sé qué razones oscuras de los habitantes de este edificio. Nunca he entendido como alguien que no convive con una planta directamente decida un día que las ramas le estorban. ¿Por qué?, ¿qué provoca el capricho de lo verde?, ¿sigue siendo acaso el deseo de civilización vs. barbarie, vs. naturaleza?, ¿qué es?, ¿ simple estupidez, simple costumbre? En fin, mi balcón parece uno más de los aburridos balcones de la del valle y yo extraño esos reflejos verdes por la mañana. Ojalá no tarde mucho en volver a crecer.

1 comments:

patricia margarita dijo...

Me parece que para no hacer sufrir a los arboles en las ciudades mejor plantar arbustos. Siempre habrà alguien que se queje por sus ramas, o el follaje que tiran o por que producen basura.

lo que el tiempo se llevó del planeta piedra