Paso en falso

Recuento de lo inevitable

10 de abril de 2007

El coche en reversa o la moto de las 4 am

De nuevo es el insomnio el que me obliga a contar las simplicidades de un cuerpo cansado y una mente agitada por los nervios. Una de estas simplicidades, o para decirlo mejor, uno de estos insignificantes sucesos es el paso del tiempo marcado por ciertas movilidades (vámonos entendiendo a estas horas: así se dice a los vehículos en algunas partes de sudamérica) a las que ya identifico con una precisión neurótica. Las doce de la noche suenan a la reversa de un tsuru. O eso creo que es. Algún desesperado amante de las vistas de atrás para adelante recorre todas las noches mi calle (yo vivo en el principio), dejando la estela doppleriana de un motor lleno de avispas acatarradas atrompetadas a trompetadas ya no aguanto otra reversa más. Hubo un sábado en que el reloj se anticipó a todo orden cronológico y el fulano se echó, lo juro, quince reversazos que rasgaron con su chillido asqueroso el vidrio de mi balcón y el de mis ojos, porque claro, me tuve que despertar de mi siesta-fiesta en el sofá nuevo. Hoy en la noche lo volví a oír y como mantengo las persianas cerradas hasta el piso no he podido ver al conductor. En mis momentos más dementes he llegado a creer que es un mirón desesperado por obtener alguna vista de mi departamento... pero creo que el relato de mis paranoias da para otra noche.

La segunda hora no es tan infame con mis oídos pero sí cruel con mi ánimo. La motocicleta del periódico llega a las 4:10 am. Mientras los durmientes ocupantes de la casa de enfrente reciben su periódico sin darse cuenta, acurrucados en su edredón de plumas, rodeados de un jardín que he llegado a intuir por algunos paisajes escondidos en las ventanas... mientras a ellos los obsequian con la entrega puntual e invisible del periódico, a mí me entregan el sonido de un pedal-escape que acelera, desacelera y gira... el hombre de la motocicleta no sabe que cada vez que llega me agarra una preocupación tremenda, porque el sueño que logre atrapar no será suficiente para el día que empezará en unas horas. Entregado el periódico, día perdido.

Ya casi son las cinco de la mañana y a pesar de que quiero volver esta madrugada desafortunada un momento de convivio con el amanecer, me deprime no estar envuelta en mis sábanas, mi cuerpo quiere dormir pero no lo dejo. Lo peor es que, como alguna vez pensé, no es que no me dé sueño, es que no quiero dormir. Me resisto a que el otro día comienze. Para terminar de manera pedestre esto que escribo, es como cuando me agarra un odio por el viernes porque ya mero es lunes otra vez.

lo que el tiempo se llevó del planeta piedra